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Mostrando las entradas de marzo 27, 2009
Tomó la caja y la apretó suavemente contra su pecho. Cerró los ojos. Por un minuto, tan sólo por un minuto, dejó entrar nuevamente aquel prohibido sentimiento, desterrado de su vida hace tanto tiempo, cuando decidió no sentir más y olvidar, olvidar y olvidar. Sumergirse. Perderse en la vagancia. La noche era como todas. La ciudad, despreciable como siempre. Pero la soledad se hacía más tibia gracias a la caja, la bendita caja que esperaba por él para llevárselo lejos, donde nadie pudiera encontrarlo . Dejó entonces fluir la sensación, esa cosquilla en el vientre que crecía y subía hasta los labios y la lengua para diluirse así, delicada, en sus ojos. En su corazón de hombre solo hace rato que no había espacio para esto. Pero qué carajos, es sólo un instante, un instante para sentir. Y lo hizo. Amó los litros en su pecho. Amó ese instante bajo la escalera, sus trapos y cartones, sus tarros, amó sus zapatos, sus heridas y las arrugas de su cuerpo. Y por primera vez en mucho tiempo, a...