Uno puede elegir música basado en diversos paradigmas: pertenecer a un clan, entrar por la ventana a la onda (no hubo forma de que esta frase no suene dicha por un viejo), decir cosas a partir de las palabras de otro, bla bla bla. A Zambayonny uno lo elige por hijo de puta, por guacho reventado que se dio cuenta que para hacer uno buena canción había que poner ahí lo que uno charla con los amigos, lo que uno suda después de ocho semanas de cuarentena o lo que quisiste decirle al policía o al banquero o a tu suegra y lo tragaste y ahora con esas palabras andás acunando un tumor. Zambayonny es un disfraz que se pone otro tipo, uno común, tan argentino como suizo; y también es un rumor que no va a sonar en las radios por que no alcanzaran los silbatos para censurar todas las palabras incorrectas como puta, verga, chota, mierda y demás simplezas cognocitivas. Entre sus éxitos puntean La incogible (hit sorprendedor pero recomendable en pequeñas dosis), El whisky de Dios (excelentemente tris...
Primera revista de difusión cultural online de Santiago (de primer corte)