Dios nació macho, sin importar lo que afirmen las religiones primitivas y originarias: nació bien macho, y mandó a Eva a odiarse a sí misma con la manzana entre las manos, (podría haber sido un Durazno… más jugoso, dulce, erótico… pero a esas alturas, con Eva corriendo a teta suelta por el paraíso, se calentaba con cualquier cosa). Eva odió la dolorosa sangre que mes a mes le recordaba su papel de putita penitente, su misión de madre abnegada, sumisión. Si Dios hubiera sido hembra hubiera tardado al menos nueve meses en crear el mundo y no se habría detenido en sacar a nadie de una costilla, los habría hecho instintivamente, por placer: uno del sexo del otro… disfrutándose. Pero no era ni macho, ni hembra… a uno lo sacó del polvo y sólo por aburrimiento (del que estaba hecho de polvo) se le ocurrió concebir a esa señorita de sexo hambriento y tan buena disposición a los quehaceres domésticos. Estuvo orgulloso de su creación, tanta belleza ingenua… dos niños toqueteándose entre árboles,...
Primera revista de difusión cultural online de Santiago (de primer corte)